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Karol G está en su era del “fuck it,” “me vale mierda.” La superestrella colombiana de 35 años, rompedora de récords, está a punto de alcanzar otro hito. No, no es el hecho de que esté a punto de hacer historia como la primera latina en encabezar Coachella — es que está entrando en la versión más auténtica y sin filtros de sí misma.
Al comienzo de su carrera, Karol G — que nació en Medellín como Carolina Giraldo Navarro — se negó a posar para SoHo, una revista colombiana para hombres. Le preocupaba el qué dirán. Ahora está en la portada de Playboy. Carolina siempre se imaginó que tendría una familia para cuando llegara a los treinta. Ahora está recién soltera — y orgullosa de estarlo. Por lo general se aleja de la política. Ahora está evaluando si salir a denunciar públicamente al ICE desde el escenario. Pero ese gesto dice mucho más que una Karol G sin filtros. Es ella despojándose de capas de presión, expectativas, miedos y dolor, abriéndole poco a poco espacio a una voz nueva que hasta ella misma parece sorprendida de descubrir.
El mundo llegó a conocer la voz de Karol G a través del reggaeton — un género hipermachista que ella reclamó y expandió, fusionando pop, trap, baladas y sinfonías caribeñas que pueden llevarte de sentirte en una fiesta callejera colombiana a reflexionar sobre tu última ruptura. Con los años, ha acumulado premios importantes: un Grammy, varios Latin Grammy y premios Billboard, razón por la cual casi nadie habría notado el temblor detrás de su voz el año pasado. Tras la euforia de su gira Mañana Será Bonito de 62 shows en 2024 — la primera gira mundial de estadios encabezada por una artista latina, con más de 2 millones de boletas vendidas — se adentró en una espiral. Su álbum Tropicoqueta fue recibido con reacciones mixtas. Su relación con el cantante colombiano Feid terminó. Ya no sabía quién era. “Cuando me desperté el 1 de enero de 2026,” dice, “me dije a mí misma: ‘Ya no voy a llorar más.'”
En muchos sentidos, su próxima presentación en el festival de música más influyente del mundo será el renacimiento de Karol G.

Estás a días de hacer historia en Coachella.
Los tengo contados. Tengo un tablero en mi mesa de noche — empecé a marcar desde que faltaban diez semanas. Cuando recibí la llamada, se me cayó un peso gigante encima. Me dijeron — en español — que iba a ser la primera latina en cerrar el festival. Me siento muy bendecida de ser parte de una generación que está tratando de cambiar la narrativa y alzar la voz por la comunidad. Y en ese momento me pregunté: si vamos a hacer esto, ¿cuál va a ser nuestro propósito con este show? Siento que es un show para mi comunidad, para el mundo, pero también es un show muy para mí.
En este proceso de ensayos, ¿has descubierto una nueva versión de ti misma?
Completamente. Yo pensaba que este iba a ser como mi consagración, pero de hecho siento que es el inicio. Es la primera vez en mi vida que siento que me voy a ver como la artista a la altura del escenario en el que me estoy montando. Estoy trabajando con la coreógrafa Parris Goebel en el show. Es icónica. Es una GOAT. Ella hizo el Super Bowl de J.Lo. Ella hizo el de Rihanna. Yo le dije: “No pienses en mis capacidades; vamos a construir el show que tú sueñas para mí. Vamos a juntar nuestros universos — tú desde el baile, yo desde mi comunidad latina. Y yo me las voy a arreglar para hacerlo.”

Yo pensaba que este iba a ser como mi consagración, pero de hecho siento que es el inicio.
¿Qué se siente estar en ese escenario con miles de personas esperándote?
La adrenalina es tan alta que es como cuando se te va la mano con los tragos y borras cassettes — te bajas del escenario y lloras por lo que acaba de pasar, sintiéndolo como si no te hubiera pasado a ti. En mi vida cotidiana no encuentro diferencia entre Carolina y Karol G. Pero cuando voy a subir al escenario, mi cuerpo se siente diferente, mi mente se siente diferente. Dejo de pensar desde la humildad y empiezo a pensar: esto me lo gané, esto es mío. Todo se vuelve un superpoder. Y cuando me bajo, vuelvo a ser Carolina — y Carolina siente que se lo perdió. Eso me pasó en Coachella en 2022. El show terminó y fue como cinco minutos. Esta vez quiero que las dos estén ahí al mismo tiempo. Creo que pueden coexistir.
El país está muy distinto de la última vez que actuaste en Coachella en 2022. ¿Qué significa para ti subirte a ese escenario como latina en este momento?
Creo que la palabra latina carga mucho peso ahora mismo. A través de este último año, todo lo que he hecho viene con ese sentido de responsabilidad, de mostrarme para mi comunidad, de expresar lo que siento. Definitivamente, de vez en cuando, hay una frustración porque sientes que no puedes hacerlo todo, pero intentas hacer lo que puedes desde tu posición. Y, si por lo menos puedo impactar la perspectiva de las personas, aunque sea un poquito, eso importa. Por medio de la música y el arte, he visto que los no latinos en Estados Unidos han empezado a entender la profundidad de lo que está pasando y el daño inmenso que está pasando aquí.

Latina, inmigrante, colombiana — son palabras polarizantes y divisivas últimamente. ¿Sientes presión de defender a la comunidad de manera más agresiva que en el pasado?
Más que presión… siento la responsabilidad de asegurarme de que lo que hago tenga un impacto. No quiero simplemente decir “ICE out” y que no pase nada.
No estoy diciendo que no lo voy a hacer, sino que lo haría y lo haré con el alma. Pero quiero, quiero en mi cabeza entender realmente lo que eso significa, y lo que crea, y que puedo hacer más hayas de eso.
A través de mi fundación, hemos hecho un trabajo muy personal con madres inmigrantes aquí en los Estados Unidos, ayudándolas a regresar a sus países de origen con dignidad, cuando es lo que quieren. Es impactante pero también limitado a las personas que podemos alcanzar directamente.
Por eso, a través de mi música y de mi show, quiero seguir alimentando ese amor por nuestra comunidad, por una comunidad que es resiliente, por una comunidad que es trabajadora, por una comunidad que ha contribuido mucho. Yo entiendo que los países tienen leyes, pero cuando eso cruza la línea de la dignidad básica humana, ahi es cuando es difícil procesarlo todo.
¿Vas a decir “ICE out”?
Probablemente me vaya un poquito más hard que eso. Yo quiero simplemente representar a mi comunidad. Pero lo que te digo es que, como ser humano, quiero que eso signifique más. No estoy diciendo que no lo voy a hacer — lo haré con el alma. Pero quiero poder sentarme y entender, en mi cabeza: esto fue lo que significó.
Entiendes el poder de tus palabras. ¿Estás dispuesta a decirlo?
Yo sé que mi equipo me mataría, pero estoy dispuesta a decirlo. Si te soy honesta, hay unos límites y responsabilidades reales que tengo que tener presentes. Pero al final del día, me pregunto, ¿cuál es mi rol si estoy en esta posición y como puedo utilizarlo de la manera más significativa?
Siento la responsabilidad de asegurarme de que lo que hago tenga un impacto. No quiero simplemente decir “ICE out” y que no pase nada.
¿Le estamos pidiendo demasiado a los artistas latinos en este momento? Porque les pedimos que sean artistas globales pero también activistas, que tengan un mensaje universal pero también político. ¿Es justo pedirte que seas todas esas cosas?
No sé si “justo” es la palabra correcta, porque a lo mejor no lo es. Pero, como te decía antes, siempre quiero hablar con honestidad. A veces, cuando lo haces, no estás diciendo lo que la gente espera de ti– o lo que un espacio específico quiere escuchar—y eso puede ser complicado.
En los Grammy de 2025, presentando el único premio latino de la noche, yo manifesté que quería hablar. Me lo dije 70 veces: “Quiero decir algo, quiero decir algo, quiero decir algo.” Y luego: “Pero no puedes decirlo, no puedes decirlo, no puedes decirlo.”

¿Quién te dice que no puedes decir las cosas?
Un montón de personas. La gente dirá: “Es mejor que no.” ¿Por qué? Porque si lo dices, a lo mejor te vuelves carnada, porque hay gente que quiere demostrar su poder.
Escuchas muchas opiniones distintas .. “mejor no, a lo mejor no es el momento adecuado.” Siempre hay un nivel de presión alrededor de lo que dices y de cómo va a ser percibido.
Para mí, se convierte en una decisión personal– si voy a decir algo o no y cuando. Tengo una plataforma muy grande y prefiero utilizarla en un momento cuando pueda defender a mi comunidad completamente.
Por eso intento ser cuidadosa y, a veces, esperar por la oportunidad correcta–para que cuando sí diga algo, que realmente represente algo significativo y que create un impacto real.
¿Qué quieres que sienta la gente cuando estés cantando en ese escenario?
Cuando la gente vea cualquier cosa relacionada con Karol G, quiero que se digan a sí mismos: yo puedo hacer eso. Las redes sociales te venden la perfección, pero el proceso — cómo llegas ahí — nunca existe ahí. Es como si todo el mundo de repente se volviera millonario, o como si todo el mundo simplemente tuviera una gran vida.
Quiero que la gente vea la realidad en mí. De hecho, el año pasado fue uno en el que la vida me tiró al piso, me pateó, me empujó, se me paró encima, me dio mil vueltas. Hace unos meses, mientras diseñaba el show — la narrativa, todo lo que quiero hacer y decir en el escenario — me di cuenta de que estaba sacando inspiración del libro Las mujeres que corren con los lobos, que leí hace como seis años. La esencia del libro es que te ayuda a encontrar tu mujer salvaje interior. Habla de cómo, en el pasado, las mujeres eran las que lideraban la tribu. Las mujeres eran vistas como grandes por su intuición, su espiritualidad, su sensualidad. Todos esos eran atributos positivos que las enaltecían, pero la sociedad los fue quitando con el tiempo.
Siempre he pensado que mis momentos más evolutivos son cuando estoy sola.
¿Te sientes como una mujer salvaje?
Sí, en todos los aspectos. Me siento como una mujer salvaje. Después de todas las dificultades del año pasado, yo necesitaba cancelarlo todo e irme. Le dije a mi equipo que necesitaba parar. Necesitaba entender por qué todo lo que me estaba pasando me estaba pasando. Así que me fui un mes a Hawái.

Y ahí te cortaste el pelo, ¿no?
Eso fue. Cuando uno se corta el pelo, lo primero que dice la gente es: “¡Se enloqueció!” Pero tal vez estaba dejando que mi Carolina salvaje hiciera lo que quería hacer. Tal vez significó volver a tener un poco de control sobre mí, sobre mis decisiones, sobre mi forma de pensar, sin tener que darle explicaciones a nadie. Fue mi decisión, y no estaba opinando nadie. Siento que la razón por la que estamos aquí es para evolucionar el alma. Y haber tenido esa oportunidad de analizarme, juzgarme y criticarme, de entender por qué me estaban pasando las cosas, me ha permitido seguir adelante. Creo que la gente lo va a empezar a notar en todo lo que estoy haciendo. Porque estoy feliz haciendo música, estoy súper inspirada en el estudio. Lo estoy soltando todo. Estoy soltera y, siendo honesta, siempre he pensado que mis momentos más evolutivos son cuando estoy sola. Como buena latina de familia tradicional, te enseñan a entregarte completamente a las relaciones, hasta un punto en el que hasta puedes perderte a ti misma.
Ahora que estás soltera, ¿aprendiste algo del amor que no sabías antes?
Sí. Creo que hay que trabajar mucho en una misma para que la relación pueda funcionar. Y también hay que hacer ese trabajo para poder irse cuando reconoces que no va a funcionar. Cuando terminé mi última relación, al principio sentí: “Guau, acá estoy de nuevo.” Pero luego lo vi como: “Guau, qué bonito que tuve el coraje de decir que ya no quería estar ahí.” También creo que nació una nueva pregunta en mí: ¿existe el amor eterno? No tengo respuesta para eso. Ya no lo sé. Porque cuando de verdad lo das todo, cuando decides cambiar, ponerte a un lado, vivir la vida del otro, hacer todo lo que está en tus manos, y no funciona… Te dices: “A lo mejor no es para siempre.” Quizás lo que toca es disfrutar el tiempo que es bonito, y dejarlo ir cuando ya no lo es, y dejar que la vida te sorprenda con nuevos amores.
¿Sentiste la presión de tener esa vida latina tradicional?
Claro que sí. En mi caso, la gente piensa que ya me quedé atrás. Según mi cultura, ya debería tener hijos. Pero sabes qué — este año ha sido literalmente como: “fuck it.” No me siento atrasada. De hecho siento que es bonito que esté viviendo mi proceso, que vaya evolucionando, que esté aprendiendo, que no me canse de experimentar, que sea curiosa.

Siempre te vemos tan segura en el escenario y en las fotos. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste verdaderamente insegura?
Todo el año pasado. Desde antes de que saliera mi álbum. Estaban pasando muchas cosas en mi vida, en mi mente. Y creo que algo se rompió en mí cuando terminó el tour. Cuando tienes ese aplauso todos los días y de repente para, empiezas a extrañarlo — y extrañarlo te hace sentir que lo estás perdiendo. Que el amor se te va. Se vuelve un caos en la cabeza: lo estoy perdiendo, lo estoy perdiendo. Entonces tomé un montón de decisiones el año pasado que vinieron del miedo, y me di cuenta de que fueron muy malas decisiones. Y esas malas decisiones se fueron acumulando — como un juego de dominó, como una bola de nieve. Y encima de eso, en mi vida personal y en mi relación también se estaban derrumbando cosas al mismo tiempo. No me gustaba lo que estaba viendo de mí. Nos retiramos de las apariciones públicas porque me sentía así. Terminaba una entrevista y llamaba a mi equipo y les decía: “No — no sé por qué dije eso. Ni siquiera pienso eso.”
Hablaste de haberte negado a posar para SoHo, la revista colombiana para hombres, al comienzo de tu carrera. ¿Qué pensabas en ese entonces?
Lo recuerdo muy bien. Me lo preguntaron y dije que no — no lo haría, porque no quería que la gente me conociera por esa narrativa. Quería entrar por una puerta diferente. Pero cuando llegó esta oportunidad, pensé: ¿por qué dije que no en esa época? Qué bonito que tuve la oportunidad de salir al mundo, de experimentar, de dejar que mi mente se abriera. Puedo entender ahora que en algún momento también dije “jamás voy a hacer una canción sobre marihuana” — y ahora lo he dicho y mucho más. Al final del día, la gente va a hablar de todas formas. Tengo claro que la gente habla desde su propia capacidad, sus propias limitaciones. Vendí 2,3 millones de boletas. También hay gente que no le gusta lo que hago. ¿A cuál de los dos lados le voy a prestar atención?
Me encantan las mujeres poderosas que muestran su poder a través de su cuerpo.
Quiero hablar de tu portada de Playboy. Tus críticos dicen que eres demasiado sexual. Otros van a ver a una bichota. ¿Por qué decidiste aparecer en la portada de Playboy?
Tenía a las dos Carolinas diciéndome qué hacer: “Deberías hacerlo.” “No deberías hacerlo.”
Me pregunté si era lo “conveniente.” Ahí fue donde llegué a la pregunta que necesitaba para decir “fuck it.” No se trata de lo que es conveniente — se trata de lo que yo haría. Me encantan las mujeres poderosas que muestran su poder a través de su cuerpo. Esa es una de las razones por las que hice los visuales de Tropicoqueta, por las vedettes. En tiempos pasados, la gente veía la sensualidad de las vedettes como algo estúpido. Las veían solo como entretenimiento. Pero para las vedettes — en una época en la que ni siquiera tenían voz — poder subirse a un escenario y expresar su dolor, su rabia, su pasión, su amor a través de su cuerpo… se volvió su arte. Entonces yo entiendo cómo la gente lo ve de una manera, pero yo lo veo de otra.
La única persona a la que le pregunté si debería hacerlo o no fue a Sofía Vergara. La llamé y le dije: “Si tú me dices que no lo haga, no lo hago.”
¿Qué te dijo?
“Mijita, ¿con ese cuerpo? Cuando llegas a esta edad te dices: ‘¡Uy, por qué no posé esa vez! ¡Debí haber posado más en tanga!’ Solo una cosa: ¡no muestres la cuca!” También me dijo: “Este momento va a tener una razón. ¿Cuál va a ser tu razón?” La verdad es que mi razón es un poco hacer lo que quiero hacer; al mismo tiempo es un poco de rebeldía, pero no una rebeldía injustificada. Siento que uno se termina convirtiendo en lo que los demás dicen de ti. Siempre hay un rumor diferente sobre mí: me han embarazado, me han matado, me han dividido en partidos políticos… Al final, no puedes perder el tiempo desmintiendo todo.
Entonces quiero que la gente me saque un poco de esa casilla de “mujer perfecta/niña buena,” porque no soy perfecta, y no es que sea buena o mala. Soy… humana.
Y los humanos somos imperfectos. Más allá de eso, somos diferentes. Entonces, ¿por qué quiero hacer esto? Porque quiero. Porque crecí inspirándome en lo hermosas que se veían las mujeres de esa revista, y ahora tengo la oportunidad de ser esa mamasota hermosa y sexy en la revista. ¿Por qué no?

¿Alguna vez le has dicho a la gente que te hace este tipo de preguntas simplemente: “Lo hago porque quiero”?
No… Creo que ayer fue la primera vez, quizás. Creo que estábamos hablando de algo y dije: “fuck it.”
¿Qué es lo que más te hace sentir sexy?
Que fue mi decisión estar ahí. Eso era lo que estaba pensando todo el tiempo durante el photoshoot.
Entre más exitosa me vuelvo, más malentendida soy.
¿Te molesta que los hombres te sexualicen?
No. Va a pasar de todas formas. Lo juro — la gente va a tratar de destruir todo lo que haces. Yo estaba cantando en el Vaticano, y al otro día me estaban destruyendo. Si me disfrazo de monja, la gente lo va a ver como algo sexual.
Pero parte de tu magia es que tú has empoderado esa sexualidad y feminidad.
Puede sonar súper cliché, pero es mi realidad porque lo vivo y lo siento constantemente: las mujeres tenemos un superpoder que los hombres no tienen. De la misma manera en que damos a luz y tenemos hijos, espiritualmente tenemos algo que los hombres no tienen. Y el sistema no está listo para eso. Entonces, cuando ve a una mujer poderosa, le da vuelta completamente a sus propias narrativas. Siento que eso es lo que me ha pasado a mí. Entre más exitosa me vuelvo, más malentendida soy. Lo único que he tratado de hacer es inspirar a quienes me siguen y celebrar mis logros, porque soy la única que sabe cuánto me han costado.
Esta entrevista fue realizada en español y traducida y editada para mayor claridad.