Es mediodía en Miami. Bad Bunny está parado sobre una columna en la terraza junto al mar de una mansión en Coconut Grove. Está vestido en una toga Versace con diseño Barocco, cadenas y una corona de laureles dorada. Imperturbable, lo mandan a canalizar una estatua de mármol de Narciso. Las olas del Atlántico rompen contra la orilla cercana, las cámaras se ajustan y “Passionfruit” de Drake suena ruidosamente en el fondo.
Mientras su equipo y su fotógrafo Stillz se reúnen e intercambian sugerencias, Bad Bunny mira hacia el cielo con una expresión cansada, un dios menor preguntándole a su creador “¿Porque yo?”
Cuando se termina la sesión de fotos, Bad Bunny se baja del pedestal. Corre a su estilista con el ceño fruncido y le dice en Español “¿Me quitas esta corona? Me arde, ¡puñeta!
Poco después, nos sentamos a hablar. El estoicismo divino que tiene Bad Bunny se ha disuelto completamente, reemplazado con un comportamiento relajado—pero sus uñas son otra historia. Además de una camisa bien-usada de la WWE y sus cadenas con el logo Playboy, la súper-estrella del Latin trap carga uñas postizas que se puso para la sesión de fotos, unas maravillas doradas y negras que la hoja de producción denominó “uñas Versace.” Hacen click contra el tope de una mesa cercana durante nuestra conversación, y él admira sus joyas falsas y minúsculos detalles. “Me las puedo quitar, pero son bien fuertes,” me dice.
Bad Bunny, nacido Benito Antonio Martínez Ocasio, está exhausto pero se siente realizado. El dia antes de nuestra entrevista, sacó su segundo disco YHLQMDLG, un acrónimo de la frase “Yo Hago Lo Que Me Da La Gana.” Que el disco sea un bombardeo de 20 canciones revela su carácter; sus leales seguidores recordarán su críptico tweet del 24 de Febrero sobre 19 “palos” y un gracias, pero para él significa mucho más que grabar una colección grande de música solo porque puede.
Me insiste, su voz barítono tarareando más cálida que en la radio, que se trata de hacer lo que le hace a uno sentirse bien. “De eso se trata el disco: de bailar, de disfrutar, ¿me entiendes?” dice. “Ahora mismo estoy en una posición donde me siento tan libre. Este es el álbum que yo quería hacer y lo hice.”
El primer disco de Bad Bunny, X100PRE (una abbreviation estilizada de la frase “por siempre”), salió en el 2018 y fue celebrado como una declaración de habilidad sin igual. El osado debut combinó modulaciones surrealistas, letras sensibles, y sonidos de dream-pop y rock en un disco de reggaeton, identificándolo como un atrevido iconoclasta del Latin hip-hop. Para YHLQMDLG, el renegado sonoro sintetizó su visión psicodélica con el mainstream. Además de ser un desenfrenado disco de fiesta, su segundo disco es una cumbre intergeneracional del pasado, presente, y futuro del reggaeton. El disco cuenta con un desfile de apoyo notable que abarca desde OG’s como Jowell & Randy y Ñengo Flow, hasta la figura de culto Boricua MC Yaviah—persuadido a salir de una larga ausencia para ir palo-a-palo con El Conejo Malo en el excepcional tema “Bichiyal”—así como voces nuevas como el cantante Panameño Sech y rapero Puertorriqueño Myke Towers.
“El título puede sonar arrogante a alguna gente, pero es sobre no dejar las cosas para más tarde, no prestarle atención a la gente que te dice que estas mal,” dice. Si Bad Bunny puede hacer lo que le da la gana hoy, es porque un Benito joven escuchó a sus héroes en el cuarto de su infancia y tomó notas. En vez de prestarle atención al coro esperado de “haters” en los comentarios, Bad Bunny se conduce como si estuviese cumpliendo una misión divina. Ninguno puede negar, tanto oyentes casuales como puristas del reggaeton, que su encanto es trascendente.
El emblemático tercer ojo de Bad Bunny—frecuentemente pintado sobre su frente e incorporado en su imaginario—simboliza esa trascendencia. Su modus operandi ha estado imbuido desde siempre con un sentido de misticismo; por ello, su primer ronda de tours lleva el nombre La Nueva Religión. Hasta la selección del día para estrenar su música parece llena de ceremonia, desde YHLQMDLG saliendo en el bisiesto de 2020 hasta el estreno navideño de su debut.Combinado con su talento natural, su método ambicioso y vagamente espiritual ha valido la pena: YHLQMDLG debutó en la posición número dos de los U.S. Billboard charts, la posición más alta hasta ahora para un disco en Español. En constante actividad, estemos o no en una pandemia global, menos de tres meses después de ese logro histórico Bad Bunny salió el Día De La Madre con un disco de recopilaciones llamado Las Que No Iban A Salir. El disco es un collage de música original hecha en cuarentena y demos inéditos de las sesiones para YHLQMDLG. La naturaleza fragmentada del disco muestra los riesgos artísticos que él está tan dispuesto a asumir, sutilmente integrando samples de noticieros de radio con una mezcla de colaboradores que incluyen al reggaetonero Nicky Jam y Gabriela Berlingeri, su novia y diseñadora de joyas quien presta su voz al sencillo principal del disco “En Casita.”
Falta el tercer ojo, cuyo símbolo no solo toma el lugar central en la portada de X100PRE pero también aparece en el arte de disco de YHLQMDLG sobre la frente de un chico montando su bicicleta a toda velocidad. El chico está rodando hacia la incertidumbre, caos detrás de él, sus tres ojos enfocados hacia el futuro. Bad Bunny tiene cuidado de difuminar la línea sobre la identidad del chico.“Pudiese ser cualquier niño de América Latina o los Estados Unidos,” Bad Bunny me dice. “Tiene poderes porque piensa diferente y tiene una visión del futuro más allá de lo que ven los demás. Lo bullean, pero él es más poderoso que todos esos que piensan que es un loco.”
La imagen de un muchacho avanzando una visión heterortodoxa no está muy lejos de la historia de origen de Bad Bunny. Un chico del coro con tendencias hogareñas que se convirtió en un productor clandestino mientras trabajaba embolsando comestibles y tomando cursos de comunicación audiovisual en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, su timidez intrínseca se refleja en la suavidad que exuda hasta de sus versos más duros. “Desde que yo estoy en mi cuarto encerrado haciendo música yo tenía un plan,” él recuerda de su infancia. “En mi cuarto tenía todo lo que necesitaba. Si yo estaba haciendo música o algo que tenía que ver con música, yo estaba feliz.”
Como artista, Bad Bunny ha cultivado una reputación simultánea como una anomalía del reggaeton y un embajador universal del género. Se destaca al lado de sus compañeros por su manera de hablar de lo carnal, con letras que gotean con sexualidad desenfrenada sin percibirse excluidor o irrespetuoso. Apoya a las mujeres que quieren bailar solas en la discoteca, y con el mismo fervor crítica a los novios que no les maman el culo después del perreo intenso.
“Creo que el sexo es un mundo gigante entonces que cada cual sea libre de verlo como quiera y hacerlo como quiera y tener infinitas posibilidades,” me dice con una sonrisa sugestiva. “Al final, somos seres humanos entonces tenemos una conexión y todo el mundo siente y todo el mundo se enamora, ya sea de lo que sea.”
Latin hip-hop—por años calificado bajo términos generales como música urbana o urbano—y los géneros bajo estas categorías, que incluyen el dembow, el reggaeton, y el Latin trap, han sido sujeto de un debate sobre el (des)empoderamiento, exclusión, y objetivación. Esto es producto no solamente de la indiferencia ante las raíces negras del género y la lucha de los artistas Afro-Latinxos para adquirir el mismo nivel de exposición que artistas blancos, sino también se debe a los aspectos problemáticos que son tan prominentes en sus letras, producto de una cultura sexista y machista. Bad Bunny consistentemente trastoca estos estereotipos en su trabajo, centrándose en el placer de la mujer, resaltando voces queer y creando un imaginario futurista para discutir estas historias. Antes que él había pocos, si es que existían, musicos cis-hetero en el Latin hip-hop a quienes les importaban estos temas, ni hablar de confrontarlos directamente.
Construyendo sobre las bases puestas por reggaetonerxs queer—recientemente fallecidos artistas como el trapero Puertorriqueñx Kevin Fret y la pionera de dembow Dominicanx La Delfi, por ejemplo—el género está moviéndose hacia la inclusividad. Este cambio es evidente con el surgimiento de artistas queer femme como King Jedet y Sailorfag y con el movimiento digital del “neo-perreo”, llevado por reggaetoneras como Tomasa Del Real y Ms Nina, un reggaeton emocional que predica—para usar el titulo del primer disco de Ms Nina—”perreando por fuera, llorando por dentro.” Bad Bunny no es parte de este legado, pero al ser un aliado prominente, como artista Latino mainstream en un género dominado por el machismo hetero-patriarcal, establece un precedente para la amplificación de estas voces. “Existen los que son fanáticos de Bad Bunny y existen los que son fanáticos del género de reggaeton,” me dice. “Creo que tengo un gran sector a quién educar. “Mucha gente no le va a prestar atención a otros que le digan algo, entonces yo si puedo decirles y tratar de ayudar a que crezcan como personas y abran su mente, quizá puedan tener esa aceptación por todo el mundo.”
Lo han criticado por una percibida cooptación de la estética queer femme a su estilo, pero su compromiso a una actuación donde el genero es fluido revela una determinación a reforzar la inclusividad. Una manicura brillante sobre las manos de un hombre cis-hetero popular no cambiará el mundo, pero Bad Bunny no esta apuntando tan alto: el solo quiere segurar que todxs puedan festejar juntxs y crear una pista de baile donde todxs sean bienvenidos.
“No hay nada peor que estés en un lugar y que no te sientas parte del grupo,” él dice. La uña postiza con la cual ha estado jugando durante la entrevista finalmente se afloja, y el la tira a un lado. “Lo único que yo he tratado de hacer, es que todo el mundo se sienta parte de la cultura del reggaeton, que sientan que tienen a alguien que los defiende.”
El trabajo de Bad Bunny es notable por la manera en la cual eleva a temas queer: el video de “Caro”, cuya estrella es la modelo andrógina Jazmyne Joy rapeando en su lugar, presenta una pasarela de moda dominado por gente LGBTQ+, y el video de “Ignorantes” muestra el espectro del amor con escenas tiernas de parejas abrazandose. Se ha hecho conocer por confrontar homofobia y rechazar normas de género en su dia-a-dia, denunciando un salon de uñas por negarle el servicio por ser hombre y llamándole la atención a reggaetonero Boricua Don Omar por hacer comentarios prejuiciados.
En el sencillo de YHLQMDLG “La Difícil,” confronta el sexismo, buscando la transformación de la tropa de la “chica de video” sexy e unidimensional, contando la historia de una bailarina que es madre soltera. Notablemente, el ciclo de prensa de YHLQMDLG empezó con un performance en The Tonight Show Starring Jimmy Fallon donde Bad Bunny rapeo en una falda y una camisa con la frase “MATARON A ALEXA, NO A UN HOMBRE CON FALDA,” llamando atención mundial al femicidio de Alexa Negrón Luciano, una mujer trans Puertorriqueña.
“La industria de la música y la sociedad en general [trata a las mujeres] como si fueran nada,” él dice. “[Las mujeres] son seres humanos, merecen respeto, merecen el mismo trato de cualquier otra persona.”
Mientras habla sobre “Yo Perreo Sola”, su canción favorita de YHLQMDLG, Bad Bunny empieza a jugar con otra de sus uñas postizas doradas. “La mujer no necesita de nadie para hacer sus cosas, ni para lograr sus metas y superarse sin ningún hombre,” él dice. “Solas pueden hacer lo que les dé la gana.”
Esta declaración inofensiva luce contradictoria ante la ausencia de un crédito de colaboradora para reggaetonera Génesis Ríos, mejor conocida como Nesi, que canta el hook. (Recibe un crédito como escritora). Bad Bunny justificó esta omisión a Rolling Stone diciendo que trató de la misma manera a Ricky Martín cuyos vocales de apoyo aparecen sin acreditar en “Caro.”
Por su parte, Nesi no está molesta. “Si lo tuviera que hacer igual yo también lo haría, él lo está haciendo bien,” ella me asegura. “Como mujer, me ha tocado lidiar mucho con el machismo. Dicho esto, pienso que ya el machismo no se está apoderando del género.”
El video de “Yo Perreo Sola” es la visión artística más desarrollada que Bad Bunny ha presentado hasta ahora, presentando al playboy del futuro en drag, perreando en una prenda de látex rojo y encadenado por varias mujeres entronadas. Estas escenas están mezcladas con shots de el perreando con su alter ego femenino, fanfarroneando a tope un carro en un campo de flores, y un montaje de mujeres—de stallions a señoras mayores—perreando solas.
Con su hiperinclusividad y su referncia al movimiento feminista Latino Americano Ni Una Menos via una señal de neon, el video le prendió fuego al internet.
“A mi me encantó, neta, porque toma un espejo y lo refleja sobre la sociedad,” dice diseñadora y estilista mexicana en ascenso Lula, cuya colección inspirada por Sailor Moon adorno a Bad Bunny en las fotos promocionales del sencillo. “La gente trans y no binarios siempre hemos estado ahí, y lo que hizo Bad Bunny takes a lot of guts.”
Lula es una de las creativxs trans y queer que han aconsejado o trabajado con Bad Bunny, incluyendo su coreógrafa por mucho tiempo Kendra Mart (quien no nos respondió para una entrevista). Además de voces como Lula, otros fueron más críticos: porque no hacer a una mujer trans actual el foco en vez de centrarse e insertarse a si mismo, un hombre cis, en la conversación?
Pero Bad Bunny no está buscando la aprobación o la absolución. El ha trastabillado para comentar temas relevantes, incluyendo una breve respuesta sobre acusaciones de abuso sexual hechas contra su manager de gira o su muy retrasado comentario sobre la reciente ola de protestas contra el racismo sistémico hacia la gente negra a nivel global (su excusa privilegiada fue que estaba en un local remoto sin teléfono). Uno pudiese mirar las uñas postizas o su performance en drag y preguntarse: ¿es posible que sus convicciones sobre la inclusión e igualdad sean solo otro disfraz? Dicho esto, no hay duda que a Bad Bunny se le debe crédito por atraer la atencion a temas queer en el género musical, especialmente como un reggaetonero cis-heterosexual. No hay otro artista mainstream con el perfil así de alto en el mundo Latinx que sea tan agresivamente sincero sobre apoyar estas causas, pero hay una distinción importante entre ser un aliado valioso y llegar al estatus de “ícono queer” como Ricky Martín lo he entronizado prematuramente.
“Yo hago todo esto y, a veces, ni me doy cuenta de lo que causó”, dice. “No es hasta que alguien viene donde mí y me dice «cabrón, gracias, gracias» que me doy cuenta de los impactos.”
Bad Bunny se ha vuelto algo parecido a un héroe nacional en Puerto Rico. El ha continuado elevando a la isla de Borinquen en su trabajo y fuera del estudio, famosamente pausando una gira para salir a las calles de su tierra natal apoyando la renuncia del ex-gobernador Ricardo Rosselló y sacando “Afilando los Cuchillos,” una aguda canción de protesta con iLe y Residente de Calle 13. Una de las canciones más duras de YHLQMDLG es “P FKN R,” donde Bad Bunny intercambia expresiones de orgullo por su isla con Kendo Kaponi y Arcángel, quién lanza la linea más fuerte de la canción: “Donde yo crecí la vida no vale na’ / So, mejor que no te aferre.”
Para cualquier persona escapando de una crisis o sobreviviendo dentro de una, la frase suena como una verdad escalofriante. Para los ciudadanos de Puerto Rico, donde la línea de pobreza flota justo sobre el 43 por ciento de la población, es un bienvenido reconocimiento de su ardua realidad. Viniendo del chico que salió de Almirante Sur en el lado sur de Vega Baja, que se volvió la superestrella que criticó abiertamente al presidente de los EE.UU. por no manejar la crisis en Puerto Rico, es una fuerte muestra de solidaridad.
“Yo hago lo que siento que es correcto,” dice. “Nací en Puerto Rico y vivo en Puerto Rico. Estoy viviendo mi sueño gracias a Puerto Rico, y más que una responsabilidad creo que es una conexión que me hace hacer las cosas con naturalidad, ¿Me entiendes? Si fuera famoso o no, si yo estoy y pasa algo, yo tengo que ayudar a mi gente porque para eso estamos—es algo más que sentimiento.”
Hay una letra reveladora de “<3,” la última canción de YHLQMDLG—el “gracias” que sigue los 19 palos. Sobre un sutil ritmo mezclado con un arpa, Bad Bunny rapea solemnemente “Yo no quiero ser un dios / Yo no quiero ser un rey.” Sonríe cuando le pregunto porque decidió cerrar un disco de palos en una nota tan callaita.
“Es un mensaje de mí pa’ti, ¿Me entiendes? Ya el disco estaba prendido, ‘… acuéstate a dormir ya, ya bebiste, ya vomitaste, shh….'”
Esto no es tanto una declaración de divinidad, sino una profundamente humana. Y quizá sea esto—el centro callado y protector de Bad Bunny—lo que genera el tirón gravitacional de su universo, uno donde chicas de video y gente queer son honradas por su individualidad, donde dioses de trap pueden vestirse en drag sin tener su masculinidad cuestionada, y donde los muchachitos tienen tercer ojos que atreven a mirar hacia un futuro mejor.
Estilista: Christopher Vargas; Maquillaje: Hanic Arias; Vestuario: Storm Pablo; Manicura: Vee (Valentina) Escobar; Joyería: Jewels by Dunn; Diseño de escenografía: Emmanuel Pimento; Director de fotografía: Marcello Peschiera; Operador de cámara: William Graydon; Transcripción/Traducción por E.R. Pulgar. El bling de Playboy que carga Bad Bunny: Collar Joyrich Rabbit Head; Gargantilla Missguided Playboy Masthead; Encendedor Zippo Rabbit Head.